Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de marzo, 2023

El barrio en el corazón.

Andrés Salcedo. Mi amor por el Junior puede compararse al que le tengo a mi barrio. Para ser más exactos, se trata de dos amores que se confunden en uno solo. Ahora, tantos años después, no puedo recordar en qué momento, desafiando a mis hermanos mayores, que eran del Sporting, me hice hincha del Junior. Supongo que algo tuvo que ver un par de pequeños incidentes callejeros. Una mañana en que andábamos persiguiendo a unos gatos por una acera en la calle Bolívar, vimos a un grupo de cinco jugadores brasileros del Junior saliendo del edificio donde vivían, en la esquina de Bolívar con Líbano. Supe que eran brasileros y que jugaban en el Junior porque uno de los muchachos de la barra, "geño" Galindo, que vivía cerca de ese edificio, los conocía y los llamaba por sus nombres. Ary, que era el arquero y el más alto del grupo, llegó hasta donde estábamos, me agarró por los dos brazos, me el...

Reportaje a Garrincha.

Alvaro Cepeda Samudio He notado que los periódicos colombianos, al mencionar su nombre, sólo hablan de su espectacular romance con la cantante Elsa Soares. ¿Es que a usted ya no le interesa el fútbol?  El rostro abotagado de Manoel Dos Santos, taciturno, sin expresión, como la de un boxeador que ha perdido muchos combates, se ilumina de pronto en una sonrisa abierta, y los ojos hasta ahora pequeños, y también sin expresión, por primera vez comienzan a aparecer inteligentes, vivos, iluminados con la sonrisa. El hombre bueno y descomplicado que es realmente esta leyenda del fútbol mundial que se llama “Garrincha”, aparece como del cubilete de un prestidigitador al conjuro de un nombre: Elsa Soares.  Garrincha: “Yo no leo nunca las páginas deportivas de los periódicos, ni oigo lo que dicen por la radio: me volvería loco. Un día soy un genio del fútbol. Al otro día, mi vida privada está en todos los titulares y ya no s...

Heleno por punta y punta.

Gabriel García Márquez Hace dos domingos el público de Barranquilla asistió al Estadio Municipal con el único objeto de presenciar el retorno del doctor Heleno de Freitas. Tengo la impresión de que, más que las manos para aplaudir, la hinchada llevaba preparados los carrillos para la rechifla. No era el mismo Heleno de dos años atrás el que aparecería esa tarde en la grama. Era un hombre completamente distinto, dos años más viejo, pasado ya por los hornos de un concienzudo análisis multitudinario cuyos resultados se ignoran aún, puesto que nadie que sepa de fútbol se ha atrevido a decir, sin temor a ser rectificado el domingo siguiente, si Heleno es un genio o un payaso. Los dirigentes del Junior han traído de nuevo al abogado brasileño a las canchas colombianas y con ello han demostrado tener un inteligente conocimiento de la psicología colectiva. Un público que paga para ver un espectáculo de primera, es, en cierta forma, un público desesperanzado, al que ningún atractivo of...

José Escorcia: páginas nobles y sucias del fútbol de nuestros anales

Chelo de Castro Cuando este columnista decide escribir sobre hechos deportivos de los años 30 y 40 del siglo anterior, abundan los amigos y conocidos que suponen que ello se debe a una falta temporal de mejores temas, lo cual es absolutamente falso. Salvo un acontecimiento trepidante, mejores temas de la actualidad no le dan ni por las corvas a las páginas pretéritas más intensas del deporte regional. Desde luego, esto es válido cuando ese “deporte regional” tiene episodios que no sólo fueron emotivos en su aparición, sino que han resistido la corrosión de los años ulteriores y por ende mantienen una bella vigencia histórica. En otros pasajes la vigencia no es bella, sino maquiavélica, pero a la vez es inolvidable.   Siempre hemos guardado un recuerdo vivo, vivísimo de José Escorcia. Cuyo único defecto como persona era que tenía la ira a flor de piel. Pero eso en la concentración de Atlántico para los Juegos de 1935, en una simple partida de dominó y por un mísero centavo en la...

Víctor: ese extraño genio.

Juan Gossain La pelota hierve en un ruido de metralleta. Sordo y seco. Víctor aprisiona el balón en los botines. Flecha, víbora, saeta, campana, banderola. Pasa a uno, dos, tres contenedores. Se revuelca en la gramilla una epilepsia de colores. El estadio reverbera bajo el sol. La tribuna se revienta de aplausos populares. Bailarín, bisturí, tirabuzón, Víctor se escabulle como un pez. Acróbata. Se balancea sobre la cintura. Y juega frente a la valla adversaria con el alma, el pecho, el pie. Sale a flote como un submarino rojo y blanco y todavía la bola adherida a los cordones. Al tacón. Es entonces cuando la tribuna ruge como el mar. El estadio parece un oleaje que se quiere desbordar. Sobre el césped la gloria se parte en pedazos. "Nací en Engenho de Dentro. Un barrio de Río de Janeiro. Un barrio común. Normal. Un barrio como cualquier otro, lo que pasa es que en Río de Janeiro los barrios son muy...