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Entradas

Figura y fama de Vigorón Mejía

Chelo De Castro   Vigorón destrozaba los avances de los equipos contrarios. Su muerte se dice que fue por un balonazo en la cabeza. En el deporte barranquillero, como en el béisbol de esta ciudad, existieron dinastías de jugadores: los Mejía en el fútbol y los Arrieta, en el béisbol. Estos últimos eran más numerosos que los Mejía. Una familia más numerosa que los Arrieta no se consigue. Eran ocho miembros en la familia, todos hijos del señor Arrieta y la señora Jazmín. Cinco hombres eran beisbolistas y tres mujeres eran softbolistas. Por supuesto, eran una familia atlética hasta más no poder; las hembras jugaban sóftbol, a excepción de Josefina, que era atlética de pista y campo. En la familia Mejía comenzó a figurar el bordón, pero era el más alto y mejor tornado de todos. Como sus hermanos eran delanteros del Junior, Vigorón —que así era conocido entre los jugadores— era el menor de los Mejía y muy destacado, por cierto. Gabriel 'Vigorón' Mejía En las filas del equipo Junior,...
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Othón Dacunha: pasión por el Junior.

Javier Castell S u fútbol grácil y atrevido le dieron un sitio de honor en el corazón de los hinchas. Lo vi gambetear sin tocar el balón, solo con la cintura, insinuando ir hacia una dirección y tomar otra. El imaginario futbolero dice que los punteros son jugadores individualistas, aislados y algo locos. Pues, Dacunha contradijo todo eso. Fue el más altruista, colectivo y cuerdo compañero de los delanteros; jugaba e inventaba cada engaño para entregarles el balón precisa y generosamente, y dejarlos frente al arco de cara al gol. Otho (sin la N, así lo llamamos) entendió desde siempre que el mejor valor de un jugador es jugar para el equipo. Él lo hacía desde su valentía para ir a buscar a los marcadores, para confrontarlos y llevarles un tremendo problema: cómo descifrar las intenciones de su hamaqueo interminable, de sus amenazas hacia un lado y hacia otro. El paso de los años y su inteligencia de juego hicieron que el escurridizo puntero mutara a un sesudo y pasador medio campista. ...

El Junior, el amor que nos complica la vida.

A comienzos del siglo pasado, cada barrio de Barranquilla tenía su equipo de fútbol. Los llamaban clubes, para que se parecieran a sus modelos ingleses. Se mantuvieron hasta los años 50, cuando el furor desatado por el béisbol profesional les dio el golpe de muerte. Andrés Salcedo.   El Junior es un sobreviviente de esa época. Quizá lo ayudó el haber nacido en el barrio Rebolo, un pedazo de Curramba, que más que un barrio, es una identidad. Todos los barranquilleros queremos tener -y tenemos- algo de reboleros. En una ciudad con más historias que historia. Rebolo es la reconocida cueva de Altamira de donde salimos. Rebolo siempre impulsó un estilo de hablar y de caminar, de sentir la vida, la música y el fútbol. Está separado de San Roque por la 30, una calle polvorienta donde la ciudad se vuelve fenicia y canalla.  En San Roque, mi barrio, convivían puerta con puerta los ricos, los arruinados, los blancos negreados y los negros blanqueados. Los unía la esquina. El picó. La po...

El Juramento

Gabriel García Márquez : Y entonces resolví asistir al estadio. Como era un encuentro más sonado que todos los anteriores, tuve que irme temprano. Heleno de Freitas  Confieso que nunca en mi vida he llegado tan temprano a ninguna parte y que de ninguna tampoco he salido tan agotado. Alfonso y Germán no tomaron nunca la iniciativa de convertirme a esa religión dominical del fútbol, con todo y que ellos debieron sospechar que alguna vez me iba a convertir en ese energúmeno, limpio de cualquier barniz que pueda ser considerado como el último rastro de civilización, que fui ayer a las graderías del municipal. El primer instante de lucidez en que caí en la cuenta de que estaba convertido en un hincha intempestivo fue cuando advertí que durante toda mi vida había tenido algo de lo que muchas veces me había ufanado y que ayer me estorbaba de una manera inaceptable: el sentido del ridículo. Ahora me explico por qué esos caballeros habitualmente tan almidonados se sienten como un calamar en...

El Junior de Barranquilla

Juan Gossaín Lo que pasa es que el Junior es mucho más que un simple equipo de fútbol. Junior es, para lo bueno y lo malo, igualito a los barranquilleros: sorprendentes e ingeniosos, pero también díscolos, luchadores y al mismo tiempo indiferentes. Cuando ponen el alma, no los vence nadie.  Lástima que no la pongan todos los días. No hay en Colombia una institución deportiva que se parezca tanto a la gente que la rodea. Es por eso que el Junior representa algo más importante que once hombres afanosos que corren detrás de una pelota. “Si el fútbol tuviera sentido”, sugería Borges, “deberían darle un balón a cada jugador”. La frase tiene su gracia, ni más faltaba, aunque no se trata de eso, naturalmente. El juniorismo es un estado de alma. Una manera de ser. Una actitud ante la vida. Una posición frente a las crudezas el mundo. El día en que Junior pierde, como si fuera una fatalidad del destino, se va la luz en Barranquilla; si el equipo hace agua en el campeonato, la ciud...

El barrio en el corazón.

Andrés Salcedo. Mi amor por el Junior puede compararse al que le tengo a mi barrio. Para ser más exactos, se trata de dos amores que se confunden en uno solo. Ahora, tantos años después, no puedo recordar en qué momento, desafiando a mis hermanos mayores, que eran del Sporting, me hice hincha del Junior. Supongo que algo tuvo que ver un par de pequeños incidentes callejeros. Una mañana en que andábamos persiguiendo a unos gatos por una acera en la calle Bolívar, vimos a un grupo de cinco jugadores brasileros del Junior saliendo del edificio donde vivían, en la esquina de Bolívar con Líbano. Supe que eran brasileros y que jugaban en el Junior porque uno de los muchachos de la barra, "geño" Galindo, que vivía cerca de ese edificio, los conocía y los llamaba por sus nombres. Ary, que era el arquero y el más alto del grupo, llegó hasta donde estábamos, me agarró por los dos brazos, me el...

Reportaje a Garrincha.

Alvaro Cepeda Samudio He notado que los periódicos colombianos, al mencionar su nombre, sólo hablan de su espectacular romance con la cantante Elsa Soares. ¿Es que a usted ya no le interesa el fútbol?  El rostro abotagado de Manoel Dos Santos, taciturno, sin expresión, como la de un boxeador que ha perdido muchos combates, se ilumina de pronto en una sonrisa abierta, y los ojos hasta ahora pequeños, y también sin expresión, por primera vez comienzan a aparecer inteligentes, vivos, iluminados con la sonrisa. El hombre bueno y descomplicado que es realmente esta leyenda del fútbol mundial que se llama “Garrincha”, aparece como del cubilete de un prestidigitador al conjuro de un nombre: Elsa Soares.  Garrincha: “Yo no leo nunca las páginas deportivas de los periódicos, ni oigo lo que dicen por la radio: me volvería loco. Un día soy un genio del fútbol. Al otro día, mi vida privada está en todos los titulares y ya no s...