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Mostrando las entradas de 2026

Figura y fama de Vigorón Mejía

Chelo De Castro   Vigorón destrozaba los avances de los equipos contrarios. Su muerte se dice que fue por un balonazo en la cabeza. En el deporte barranquillero, como en el béisbol de esta ciudad, existieron dinastías de jugadores: los Mejía en el fútbol y los Arrieta, en el béisbol. Estos últimos eran más numerosos que los Mejía. Una familia más numerosa que los Arrieta no se consigue. Eran ocho miembros en la familia, todos hijos del señor Arrieta y la señora Jazmín. Cinco hombres eran beisbolistas y tres mujeres eran softbolistas. Por supuesto, eran una familia atlética hasta más no poder; las hembras jugaban sóftbol, a excepción de Josefina, que era atlética de pista y campo. En la familia Mejía comenzó a figurar el bordón, pero era el más alto y mejor tornado de todos. Como sus hermanos eran delanteros del Junior, Vigorón —que así era conocido entre los jugadores— era el menor de los Mejía y muy destacado, por cierto. Gabriel 'Vigorón' Mejía En las filas del equipo Junior,...

Othón Dacunha: pasión por el Junior.

Javier Castell S u fútbol grácil y atrevido le dieron un sitio de honor en el corazón de los hinchas. Lo vi gambetear sin tocar el balón, solo con la cintura, insinuando ir hacia una dirección y tomar otra. El imaginario futbolero dice que los punteros son jugadores individualistas, aislados y algo locos. Pues, Dacunha contradijo todo eso. Fue el más altruista, colectivo y cuerdo compañero de los delanteros; jugaba e inventaba cada engaño para entregarles el balón precisa y generosamente, y dejarlos frente al arco de cara al gol. Otho (sin la N, así lo llamamos) entendió desde siempre que el mejor valor de un jugador es jugar para el equipo. Él lo hacía desde su valentía para ir a buscar a los marcadores, para confrontarlos y llevarles un tremendo problema: cómo descifrar las intenciones de su hamaqueo interminable, de sus amenazas hacia un lado y hacia otro. El paso de los años y su inteligencia de juego hicieron que el escurridizo puntero mutara a un sesudo y pasador medio campista. ...

El Junior, el amor que nos complica la vida.

A comienzos del siglo pasado, cada barrio de Barranquilla tenía su equipo de fútbol. Los llamaban clubes, para que se parecieran a sus modelos ingleses. Se mantuvieron hasta los años 50, cuando el furor desatado por el béisbol profesional les dio el golpe de muerte. Andrés Salcedo.   El Junior es un sobreviviente de esa época. Quizá lo ayudó el haber nacido en el barrio Rebolo, un pedazo de Curramba, que más que un barrio, es una identidad. Todos los barranquilleros queremos tener -y tenemos- algo de reboleros. En una ciudad con más historias que historia. Rebolo es la reconocida cueva de Altamira de donde salimos. Rebolo siempre impulsó un estilo de hablar y de caminar, de sentir la vida, la música y el fútbol. Está separado de San Roque por la 30, una calle polvorienta donde la ciudad se vuelve fenicia y canalla.  En San Roque, mi barrio, convivían puerta con puerta los ricos, los arruinados, los blancos negreados y los negros blanqueados. Los unía la esquina. El picó. La po...